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Revelado el Secreto de la Longevidad

“Si el cuerpo entablara un juicio por daños y

perjuicios a la mente, se encontraría que ésta

ha sido un inquilino devastador para su

casero.”

PLUTARCO: Ensayos

 

 

El Dr. Bernard Jensen concluye su libro la limpieza de los tejidos a través del intestino con un interesante relato histórico cuyo autor es J. Oswald Empringham.

 

«He dedicado las energías de mi vida a descubrir los secretos de una vida sana, feliz y longeva. Por todo el mundo he buscado ejemplos de estas bendiciones y ha sido para mi una bella experiencia de la que he aprendido mucho. Durante los cincuenta años de practica tratando de ayudar a la gente a conservarse bien, he llegado a una certera conclusión: el padecimiento numero uno que excede a todos los demás de manera considerable es el problema intestinal. Este tiene proporciones epidémicas. Nuestra comida y estilo de vida están matándonos lentamente al minar la salud y la vitalidad de nuestro pueblo. La enfermedad y el malestar reclaman una proporción cada vez mayor de nuestra energía, de nuestro tiempo, de nuestro dinero y de nuestras emociones. Nos estamos convirtiendo en seres privados de vitalidad y con una salud pésima. Hemos estado equivocando el camino correcto y hemos sido conducidos a la muerte y al envejecimiento prematuro. Esto es desafortunado, pero no eludible. Si regresamos al buen camino y abandonamos lo viejo, vendrán la purificación y el rejuvenecimiento. De nuevo podremos gozar las maravillosas bendiciones de la salud y la vida vital, tal como el creador quiere para nosotros. Debemos alejarnos de los hábitos que roban la vida y de los hábitos que nos perjudican, rechazando participar de ellos. Deseamos eliminar lo viejo y, como niños pequeños, aprender los nuevos y mejores caminos. La cirugía y las drogas simplemente retrasan y contraponen los problemas encontrando rara vez la fuente de nuestras enfermedades. Una operación conduce a la otra. Las drogas se dan para aliviar los síntomas y cubrir con una máscara un estado más profundo y frecuentemente crónico que, así, queda sin detectar y sin atender hasta que a menudo es demasiado tarde para corregirlo. Existe un medio seguro para terminar con nuestros problemas de salud.  Ese es el camino de Dios. Cuando seguimos a la naturaleza no podemos perdernos. Ella es perfecta y siempre trabaja. Esta más allá de las falsificaciones del hombre y contiene todas las condiciones esenciales para una vida larga y sana. Toma mucho tiempo para desarrollar una enfermedad crónica y degenerativa e igualmente se lleva invertir tal proceso. Pero ello es posible si el individuo asume la responsabilidad de dicha tarea y tiene fe y perseverancia en los poderes de recuperación del cuerpo. Toda mi vida he trabajado en el cuidado intestinal. He probado todos los métodos naturales, todos los productos o técnicas conocidos para que el hombre cuide de su intestino. De todas estas cosas puedo decir que el ayuno y las tabletas de alfalfa han hecho los mayores bienes. Deseo expresar que el programa maestro de purificación de los tejidos es lo mejor que he conocido para desintoxicar el cuerpo y purificar el intestino. Este es un desarrollo reciente; en el hemos estado tratando toda nuestra vida. Es ahora cuando lo necesitamos más que nunca. No estoy diciendo que sea una panacea; pero si es un poderoso principio para aquella persona que esta trabajando a fin de obtener finalmente la salud. Cualquier cosa que podamos hacer para detener la autointoxicación va a ayudar lentamente a librarnos de la enfermedad. El programa maestro de purificación de los tejidos es la mejor forma de llegar a nuestra meta. Al despojarnos de la vieja y tóxica membrana mucosa fuertemente adherida al intestino, eliminamos la fuente numero uno de la enfermedad. Además, abrimos el intestino a medios mas eficientes de eliminación de desechos y de absorción de las sustancias nutritivas, cosas que son esenciales para todo proceso de saneamiento duradero. Este también es el primer paso hacia la normalización del intestino, con el fin de que las bacterias benignas regresen al colon y lo mantengan inmune contra la putrefacción y contra la autointoxicación posteriores. Esta es una pequeña historia que usted deberá aprovechar sobre uno de los hombres más longevos de occidente. La abadía de Westminster fue fundada por el Rey Lucio en el año 170 de nuestra era. Sus bóvedas están llenas de muertos ilustres cuyos monumentos cubren los muros del vasto templo. Una de sus losas más pequeñas –más interesantes que todos los más finos mármoles para los príncipes y los poetas- dice: Thomas Parr, nacido en el condado de Salopp en el año de 1483. Vivió durante los reinados de diez reyes: Eduardo IV, Eduardo V, Ricardo III, Enrique VII, Enrique VIII, Eduardo VI, María, Elizabeth, Jaime I y Carlos I. Sepultado aquí el 15 de noviembre de 1635, a la edad de 152 años. Antes que Parr fuera sepultado en Westminster, su historia fue cuidadosamente investigada. El registro parroquial de su villa nativa prueba que fue bautizado el mismo año de 1483. Documentos legales y actas notariales muestran que heredó una pequeña hacienda de su padre en 1560 y que tomó esposa tres años mas tarde, cuando contaba con 80. Se caso de nuevo en 1605, a la edad de 122 años. Cuando tenía 130, compareció ante la corte, bajo el cargo de ser padre de un hijo ilegal. Fue hacendado toda su vida. Su larga vida trajo la atención del Rey, quien lo invito a visitar el palacio, pues quería estudiar las razones de excepcional longevidad. Los últimos días de Parr los paso en el palacio. La historia cuenta que sus perfectas facultades y su maravillosa memoria hacían de el un animador sin igual. Ello no maravilla: ¡Que cantidad de recuerdos no tendría un hombre que había vivido bajo diez reinados! Cuando Parr murió, Harvey, el descubridor de la circulación de la sangre, le practico la autopsia por orden del Rey Carlos: querían investigar por que había vivido tanto. El informe en latín del gran cirujano todavía se conserva y dice que Parr murió a consecuencia de una aguda indigestión producida por un exceso de manjares a los que no estaba acostumbrado. Todos los órganos del viejo estaban en perfectas condiciones y Harvey descubrió que su colon estaba tan normal como si fuera el de un niño. Los microbiólogos modernos dicen que en este informe Harvey, inconscientemente, revela el secreto de la larga vida de Parr, pues su cuidadosa descripción de los intestinos demuestra que no había perdido su flora protectora y congénita.»

Pandora’s Box: What lo Eat and Why

J. OSWALD EMPRINGHAM, 1936

 

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